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Castilla : Del Franquismo al Juancarlismo

Castilla : Del Franquismo al Juancarlismo

'La estampa de Castilla desertizada, con sus aldeas en ruinas y los últimos habitantes como testigos de una cultura que irremisiblemente morirá con ellos, puesto que ya no quedan manos para tomar el relevo, es la que he intentado recoger en mi última novela, como un lamento, consciente de que se trata de una situación difícilmente reversible. (...)
A Castilla se le ha ido desangrando, humillando, desarbolando poco a poco, paulatina, gradualmente, aunque a conciencia. Se contaba de antemano con su pasividad, su desconexión, la capacidad de encaje de sus campesinos, de tal modo que la operación, aunque prolongada, resultó incruenta, silenciosa y perfecta.'
Miguel Delibes

Durante la Guerra Civil, el sur de Castilla con Madrid a la cabeza, junto con Cantabria y las zonas montañosas del norte de Palencia, Burgos y fundamentalmente León, permanecen leales a la República, mientras que el Valle del Duero es rápidamente dominado por los nacionales, con el apoyo del bastión falangista en Valladolid. Durante la Guerra, a pesar de la heroica resistencia de Madrid, fueron cayendo las plazas republicanas mientras que en la Castilla 'nacional' se iniciaba la represión política y se ensayaba el futuro régimen, con Burgos como sede del gobierno franquista.

La guerra supuso unas terribles consecuencias en Castilla como en el resto del estado español. No sólo se perdían las libertades políticas y se esfumaba toda posibilidad de autonomía castellana, sino que llegaron a las tierras castellanas la represión, con miles de 'paseados' aún enterrados en fosas comunes por toda Castilla, el racionamiento de alimentos y la miseria de un país aislado que iniciaba una penosa reconstrucción. Con el asentamiento del franquismo se difundió, además, una terrible imagen de Castilla como bastión de la 'Una Grande y Libre'.

En la época del salvaje y descontrolado desarrollismo franquista, Castilla fue esquilmada de modo terrible como jamás se había hecho. En el campo castellano, falto de futuro, miles de personas emigraron, fundamentalmente a las grandes ciudades del estado español y al extranjero. Esta sangría, un verdadero éxodo rural, es uno de los episodios más dolorosos en la historia de Castilla. Las consecuencias hoy en día son cientos de pueblos muertos, tradiciones que dentro de poco habrán desaparecido por completo, y en muchas zonas la menor densidad de población (y con mayor envejecimiento) de toda Europa.

En algunas ciudades castellanas se levantaron industrias que absorbieron parte de la población emigrada, y las ciudades crecieron como imponía el desarrollo, de forma salvaje y desordenada, conllevando la destrucción en muchos casos de importante patrimonio histórico en los centros urbanos. Sin embargo el desarrollo económico de Castilla fue escaso en comparación con otras zonas del estado, salvo Madrid que comenzaba a convertirse en una monstruosa megalópolis que absorbía población de los pueblos de toda la geografía hispana, pero fundamentalmente de las dos mesetas castellanas.

Es herencia del franquismo también la construcción en Castilla de centrales nucleares y monstruosas presas que han anegado decenas de pueblos. Es paradójico que las regiones castellanas sean absolutamente excedentarias en la producción eléctrica, y la electricidad producida en estas nuevas centrales tenía el mismo destino que los hombres y mujeres de nuestros pueblos, la emigración a zonas más prósperas y desarrolladas.

Es tal la situación que a finales de los años 70 surge de nuevo la conciencia regional en Castilla. Hombres como el etnógrafo Joaquín Díaz, los músicos de Nuevo Mester de Juglaría o el poeta leonés Luis López Álvarez, autor del poema 'Los Comuneros', se lanzaron a salvar los últimos restos de la cultura popular castellana. Con el fin del franquismo se aviva este resurgir regionalista, nacen en el norte de Castilla la Alianza Regional de Castilla y León y el Instituto Regional Castellanoleonés. Se alzan voces que piden también la unión de las 11 provincias del norte con las 6 del sur, como la de Claudio Sánchez Albornoz, fundador del PANCAL. Es por estas fechas cuando se institucionaliza la celebración del Día de Villalar, marcada en sus primeros años por la represión de la Guardia Civil.

A pesar de la ilusión de los primeros años de la transición de recuperar la dignidad de Castilla, el proceso autonómico, que en Castilla se realizó sin ningún tipo de referéndum, finiquitó la división de Castilla en 5 comunidades diferentes, negándosele además la nacionalidad histórica. Aunque en principio la conciencia regional había gestado el embrión de una sola entidad castellano-leonesa en el norte y otra en el sur con la anexión de Albacete, finalmente se impusieron los deseos de los gobiernos centrales de Madrid y las envidias de los caciques locales.

En el norte Cantabria, La Rioja, León y Segovia presentaron su candidatura a convertirse en autonomías uniprovinciales. Las dos primeras lo consiguieron, separándose desde entonces 'de facto' del resto de Castilla. El estado español impidió expresamente, como se pretendió desde un primer momento, que Cantabria o La Rioja pudieran integrarse dentro de los amplios límites de Castilla y León respetándose su particularidad. Así pues las únicas salidas posibles para las comarcas y provincias castellanas fueron la separación, o la cesión de su autonomía a una nueva burocracia autonómica.

En el sur, Madrid fue convertida también en autonomía con el pretexto de ser la capital del estado. De este modo, Castilla perdía su principal referente económico y demográfico. Madrid, que debía asumir la condición de motor de la economía castellana, como Barcelona dentro de Cataluña, quedaba separado de sus territorios hermanos por decreto, sin contar con la voluntad popular. La comunidad madrileña ha sido sometida desde entonces a un proceso de 'descastellanización' y de creación institucional de una nueva identidad.

En todos estos 5 territorios, tanto las instituciones regionales como las centrales se han procurado de crear identidades artificiales, de modo que hoy en día oímos en los medios disparates como que en Madrid no son castellanos, en Guadalajara son manchegos y en Soria son 'castellanos y leoneses'. Todo ello en perjuicio de los propios castellanos, que al no tener oficialmente reconocida su identidad se ven discriminados a la hora de reivindicar nuestros derechos en igualdad de condiciones con otras nacionalidades del estado.

'La estampa de Castilla desertizada, con sus aldeas en ruinas y los últimos habitantes como testigos de una cultura que irremisiblemente morirá con ellos, puesto que ya no quedan manos para tomar el relevo, es la que he intentado recoger en mi última novela, como un lamento, consciente de que se trata de una situación difícilmente reversible. (...)
A Castilla se le ha ido desangrando, humillando, desarbolando poco a poco, paulatina, gradualmente, aunque a conciencia. Se contaba de antemano con su pasividad, su desconexión, la capacidad de encaje de sus campesinos, de tal modo que la operación, aunque prolongada, resultó incruenta, silenciosa y perfecta.'
Miguel Delibes

Durante la Guerra Civil, el sur de Castilla con Madrid a la cabeza, junto con Cantabria y las zonas montañosas del norte de Palencia, Burgos y fundamentalmente León, permanecen leales a la República, mientras que el Valle del Duero es rápidamente dominado por los nacionales, con el apoyo del bastión falangista en Valladolid. Durante la Guerra, a pesar de la heroica resistencia de Madrid, fueron cayendo las plazas republicanas mientras que en la Castilla 'nacional' se iniciaba la represión política y se ensayaba el futuro régimen, con Burgos como sede del gobierno franquista.

La guerra supuso unas terribles consecuencias en Castilla como en el resto del estado español. No sólo se perdían las libertades políticas y se esfumaba toda posibilidad de autonomía castellana, sino que llegaron a las tierras castellanas la represión, con miles de 'paseados' aún enterrados en fosas comunes por toda Castilla, el racionamiento de alimentos y la miseria de un país aislado que iniciaba una penosa reconstrucción. Con el asentamiento del franquismo se difundió, además, una terrible imagen de Castilla como bastión de la 'Una Grande y Libre'.

En la época del salvaje y descontrolado desarrollismo franquista, Castilla fue esquilmada de modo terrible como jamás se había hecho. En el campo castellano, falto de futuro, miles de personas emigraron, fundamentalmente a las grandes ciudades del estado español y al extranjero. Esta sangría, un verdadero éxodo rural, es uno de los episodios más dolorosos en la historia de Castilla. Las consecuencias hoy en día son cientos de pueblos muertos, tradiciones que dentro de poco habrán desaparecido por completo, y en muchas zonas la menor densidad de población (y con mayor envejecimiento) de toda Europa.

En algunas ciudades castellanas se levantaron industrias que absorbieron parte de la población emigrada, y las ciudades crecieron como imponía el desarrollo, de forma salvaje y desordenada, conllevando la destrucción en muchos casos de importante patrimonio histórico en los centros urbanos. Sin embargo el desarrollo económico de Castilla fue escaso en comparación con otras zonas del estado, salvo Madrid que comenzaba a convertirse en una monstruosa megalópolis que absorbía población de los pueblos de toda la geografía hispana, pero fundamentalmente de las dos mesetas castellanas.

Es herencia del franquismo también la construcción en Castilla de centrales nucleares y monstruosas presas que han anegado decenas de pueblos. Es paradójico que las regiones castellanas sean absolutamente excedentarias en la producción eléctrica, y la electricidad producida en estas nuevas centrales tenía el mismo destino que los hombres y mujeres de nuestros pueblos, la emigración a zonas más prósperas y desarrolladas.

Es tal la situación que a finales de los años 70 surge de nuevo la conciencia regional en Castilla. Hombres como el etnógrafo Joaquín Díaz, los músicos de Nuevo Mester de Juglaría o el poeta leonés Luis López Álvarez, autor del poema 'Los Comuneros', se lanzaron a salvar los últimos restos de la cultura popular castellana. Con el fin del franquismo se aviva este resurgir regionalista, nacen en el norte de Castilla la Alianza Regional de Castilla y León y el Instituto Regional Castellanoleonés. Se alzan voces que piden también la unión de las 11 provincias del norte con las 6 del sur, como la de Claudio Sánchez Albornoz, fundador del PANCAL. Es por estas fechas cuando se institucionaliza la celebración del Día de Villalar, marcada en sus primeros años por la represión de la Guardia Civil.

A pesar de la ilusión de los primeros años de la transición de recuperar la dignidad de Castilla, el proceso autonómico, que en Castilla se realizó sin ningún tipo de referéndum, finiquitó la división de Castilla en 5 comunidades diferentes, negándosele además la nacionalidad histórica. Aunque en principio la conciencia regional había gestado el embrión de una sola entidad castellano-leonesa en el norte y otra en el sur con la anexión de Albacete, finalmente se impusieron los deseos de los gobiernos centrales de Madrid y las envidias de los caciques locales.

En el norte Cantabria, La Rioja, León y Segovia presentaron su candidatura a convertirse en autonomías uniprovinciales. Las dos primeras lo consiguieron, separándose desde entonces 'de facto' del resto de Castilla. El estado español impidió expresamente, como se pretendió desde un primer momento, que Cantabria o La Rioja pudieran integrarse dentro de los amplios límites de Castilla y León respetándose su particularidad. Así pues las únicas salidas posibles para las comarcas y provincias castellanas fueron la separación, o la cesión de su autonomía a una nueva burocracia autonómica.

En el sur, Madrid fue convertida también en autonomía con el pretexto de ser la capital del estado. De este modo, Castilla perdía su principal referente económico y demográfico. Madrid, que debía asumir la condición de motor de la economía castellana, como Barcelona dentro de Cataluña, quedaba separado de sus territorios hermanos por decreto, sin contar con la voluntad popular. La comunidad madrileña ha sido sometida desde entonces a un proceso de 'descastellanización' y de creación institucional de una nueva identidad.

En todos estos 5 territorios, tanto las instituciones regionales como las centrales se han procurado de crear identidades artificiales, de modo que hoy en día oímos en los medios disparates como que en Madrid no son castellanos, en Guadalajara son manchegos y en Soria son 'castellanos y leoneses'. Todo ello en perjuicio de los propios castellanos, que al no tener oficialmente reconocida su identidad se ven discriminados a la hora de reivindicar nuestros derechos en igualdad de condiciones con otras nacionalidades del estado.

'La estampa de Castilla desertizada, con sus aldeas en ruinas y los últimos habitantes como testigos de una cultura que irremisiblemente morirá con ellos, puesto que ya no quedan manos para tomar el relevo, es la que he intentado recoger en mi última novela, como un lamento, consciente de que se trata de una situación difícilmente reversible. (...)
A Castilla se le ha ido desangrando, humillando, desarbolando poco a poco, paulatina, gradualmente, aunque a conciencia. Se contaba de antemano con su pasividad, su desconexión, la capacidad de encaje de sus campesinos, de tal modo que la operación, aunque prolongada, resultó incruenta, silenciosa y perfecta.'
Miguel Delibes

Durante la Guerra Civil, el sur de Castilla con Madrid a la cabeza, junto con Cantabria y las zonas montañosas del norte de Palencia, Burgos y fundamentalmente León, permanecen leales a la República, mientras que el Valle del Duero es rápidamente dominado por los nacionales, con el apoyo del bastión falangista en Valladolid. Durante la Guerra, a pesar de la heroica resistencia de Madrid, fueron cayendo las plazas republicanas mientras que en la Castilla 'nacional' se iniciaba la represión política y se ensayaba el futuro régimen, con Burgos como sede del gobierno franquista.

La guerra supuso unas terribles consecuencias en Castilla como en el resto del estado español. No sólo se perdían las libertades políticas y se esfumaba toda posibilidad de autonomía castellana, sino que llegaron a las tierras castellanas la represión, con miles de 'paseados' aún enterrados en fosas comunes por toda Castilla, el racionamiento de alimentos y la miseria de un país aislado que iniciaba una penosa reconstrucción. Con el asentamiento del franquismo se difundió, además, una terrible imagen de Castilla como bastión de la 'Una Grande y Libre'.

En la época del salvaje y descontrolado desarrollismo franquista, Castilla fue esquilmada de modo terrible como jamás se había hecho. En el campo castellano, falto de futuro, miles de personas emigraron, fundamentalmente a las grandes ciudades del estado español y al extranjero. Esta sangría, un verdadero éxodo rural, es uno de los episodios más dolorosos en la historia de Castilla. Las consecuencias hoy en día son cientos de pueblos muertos, tradiciones que dentro de poco habrán desaparecido por completo, y en muchas zonas la menor densidad de población (y con mayor envejecimiento) de toda Europa.

En algunas ciudades castellanas se levantaron industrias que absorbieron parte de la población emigrada, y las ciudades crecieron como imponía el desarrollo, de forma salvaje y desordenada, conllevando la destrucción en muchos casos de importante patrimonio histórico en los centros urbanos. Sin embargo el desarrollo económico de Castilla fue escaso en comparación con otras zonas del estado, salvo Madrid que comenzaba a convertirse en una monstruosa megalópolis que absorbía población de los pueblos de toda la geografía hispana, pero fundamentalmente de las dos mesetas castellanas.

Es herencia del franquismo también la construcción en Castilla de centrales nucleares y monstruosas presas que han anegado decenas de pueblos. Es paradójico que las regiones castellanas sean absolutamente excedentarias en la producción eléctrica, y la electricidad producida en estas nuevas centrales tenía el mismo destino que los hombres y mujeres de nuestros pueblos, la emigración a zonas más prósperas y desarrolladas.

Es tal la situación que a finales de los años 70 surge de nuevo la conciencia regional en Castilla. Hombres como el etnógrafo Joaquín Díaz, los músicos de Nuevo Mester de Juglaría o el poeta leonés Luis López Álvarez, autor del poema 'Los Comuneros', se lanzaron a salvar los últimos restos de la cultura popular castellana. Con el fin del franquismo se aviva este resurgir regionalista, nacen en el norte de Castilla la Alianza Regional de Castilla y León y el Instituto Regional Castellanoleonés. Se alzan voces que piden también la unión de las 11 provincias del norte con las 6 del sur, como la de Claudio Sánchez Albornoz, fundador del PANCAL. Es por estas fechas cuando se institucionaliza la celebración del Día de Villalar, marcada en sus primeros años por la represión de la Guardia Civil.

A pesar de la ilusión de los primeros años de la transición de recuperar la dignidad de Castilla, el proceso autonómico, que en Castilla se realizó sin ningún tipo de referéndum, finiquitó la división de Castilla en 5 comunidades diferentes, negándosele además la nacionalidad histórica. Aunque en principio la conciencia regional había gestado el embrión de una sola entidad castellano-leonesa en el norte y otra en el sur con la anexión de Albacete, finalmente se impusieron los deseos de los gobiernos centrales de Madrid y las envidias de los caciques locales.

En el norte Cantabria, La Rioja, León y Segovia presentaron su candidatura a convertirse en autonomías uniprovinciales. Las dos primeras lo consiguieron, separándose desde entonces 'de facto' del resto de Castilla. El estado español impidió expresamente, como se pretendió desde un primer momento, que Cantabria o La Rioja pudieran integrarse dentro de los amplios límites de Castilla y León respetándose su particularidad. Así pues las únicas salidas posibles para las comarcas y provincias castellanas fueron la separación, o la cesión de su autonomía a una nueva burocracia autonómica.

En el sur, Madrid fue convertida también en autonomía con el pretexto de ser la capital del estado. De este modo, Castilla perdía su principal referente económico y demográfico. Madrid, que debía asumir la condición de motor de la economía castellana, como Barcelona dentro de Cataluña, quedaba separado de sus territorios hermanos por decreto, sin contar con la voluntad popular. La comunidad madrileña ha sido sometida desde entonces a un proceso de 'descastellanización' y de creación institucional de una nueva identidad.

En todos estos 5 territorios, tanto las instituciones regionales como las centrales se han procurado de crear identidades artificiales, de modo que hoy en día oímos en los medios disparates como que en Madrid no son castellanos, en Guadalajara son manchegos y en Soria son 'castellanos y leoneses'. Todo ello en perjuicio de los propios castellanos, que al no tener oficialmente reconocida su identidad se ven discriminados a la hora de reivindicar nuestros derechos en igualdad de condiciones con otras nacionalidades del estado.

'La estampa de Castilla desertizada, con sus aldeas en ruinas y los últimos habitantes como testigos de una cultura que irremisiblemente morirá con ellos, puesto que ya no quedan manos para tomar el relevo, es la que he intentado recoger en mi última novela, como un lamento, consciente de que se trata de una situación difícilmente reversible. (...)
A Castilla se le ha ido desangrando, humillando, desarbolando poco a poco, paulatina, gradualmente, aunque a conciencia. Se contaba de antemano con su pasividad, su desconexión, la capacidad de encaje de sus campesinos, de tal modo que la operación, aunque prolongada, resultó incruenta, silenciosa y perfecta.'
Miguel Delibes

Durante la Guerra Civil, el sur de Castilla con Madrid a la cabeza, junto con Cantabria y las zonas montañosas del norte de Palencia, Burgos y fundamentalmente León, permanecen leales a la República, mientras que el Valle del Duero es rápidamente dominado por los nacionales, con el apoyo del bastión falangista en Valladolid. Durante la Guerra, a pesar de la heroica resistencia de Madrid, fueron cayendo las plazas republicanas mientras que en la Castilla 'nacional' se iniciaba la represión política y se ensayaba el futuro régimen, con Burgos como sede del gobierno franquista.

La guerra supuso unas terribles consecuencias en Castilla como en el resto del estado español. No sólo se perdían las libertades políticas y se esfumaba toda posibilidad de autonomía castellana, sino que llegaron a las tierras castellanas la represión, con miles de 'paseados' aún enterrados en fosas comunes por toda Castilla, el racionamiento de alimentos y la miseria de un país aislado que iniciaba una penosa reconstrucción. Con el asentamiento del franquismo se difundió, además, una terrible imagen de Castilla como bastión de la 'Una Grande y Libre'.

En la época del salvaje y descontrolado desarrollismo franquista, Castilla fue esquilmada de modo terrible como jamás se había hecho. En el campo castellano, falto de futuro, miles de personas emigraron, fundamentalmente a las grandes ciudades del estado español y al extranjero. Esta sangría, un verdadero éxodo rural, es uno de los episodios más dolorosos en la historia de Castilla. Las consecuencias hoy en día son cientos de pueblos muertos, tradiciones que dentro de poco habrán desaparecido por completo, y en muchas zonas la menor densidad de población (y con mayor envejecimiento) de toda Europa.

En algunas ciudades castellanas se levantaron industrias que absorbieron parte de la población emigrada, y las ciudades crecieron como imponía el desarrollo, de forma salvaje y desordenada, conllevando la destrucción en muchos casos de importante patrimonio histórico en los centros urbanos. Sin embargo el desarrollo económico de Castilla fue escaso en comparación con otras zonas del estado, salvo Madrid que comenzaba a convertirse en una monstruosa megalópolis que absorbía población de los pueblos de toda la geografía hispana, pero fundamentalmente de las dos mesetas castellanas.

Es herencia del franquismo también la construcción en Castilla de centrales nucleares y monstruosas presas que han anegado decenas de pueblos. Es paradójico que las regiones castellanas sean absolutamente excedentarias en la producción eléctrica, y la electricidad producida en estas nuevas centrales tenía el mismo destino que los hombres y mujeres de nuestros pueblos, la emigración a zonas más prósperas y desarrolladas.

Es tal la situación que a finales de los años 70 surge de nuevo la conciencia regional en Castilla. Hombres como el etnógrafo Joaquín Díaz, los músicos de Nuevo Mester de Juglaría o el poeta leonés Luis López Álvarez, autor del poema 'Los Comuneros', se lanzaron a salvar los últimos restos de la cultura popular castellana. Con el fin del franquismo se aviva este resurgir regionalista, nacen en el norte de Castilla la Alianza Regional de Castilla y León y el Instituto Regional Castellanoleonés. Se alzan voces que piden también la unión de las 11 provincias del norte con las 6 del sur, como la de Claudio Sánchez Albornoz, fundador del PANCAL. Es por estas fechas cuando se institucionaliza la celebración del Día de Villalar, marcada en sus primeros años por la represión de la Guardia Civil.

A pesar de la ilusión de los primeros años de la transición de recuperar la dignidad de Castilla, el proceso autonómico, que en Castilla se realizó sin ningún tipo de referéndum, finiquitó la división de Castilla en 5 comunidades diferentes, negándosele además la nacionalidad histórica. Aunque en principio la conciencia regional había gestado el embrión de una sola entidad castellano-leonesa en el norte y otra en el sur con la anexión de Albacete, finalmente se impusieron los deseos de los gobiernos centrales de Madrid y las envidias de los caciques locales.

En el norte Cantabria, La Rioja, León y Segovia presentaron su candidatura a convertirse en autonomías uniprovinciales. Las dos primeras lo consiguieron, separándose desde entonces 'de facto' del resto de Castilla. El estado español impidió expresamente, como se pretendió desde un primer momento, que Cantabria o La Rioja pudieran integrarse dentro de los amplios límites de Castilla y León respetándose su particularidad. Así pues las únicas salidas posibles para las comarcas y provincias castellanas fueron la separación, o la cesión de su autonomía a una nueva burocracia autonómica.

En el sur, Madrid fue convertida también en autonomía con el pretexto de ser la capital del estado. De este modo, Castilla perdía su principal referente económico y demográfico. Madrid, que debía asumir la condición de motor de la economía castellana, como Barcelona dentro de Cataluña, quedaba separado de sus territorios hermanos por decreto, sin contar con la voluntad popular. La comunidad madrileña ha sido sometida desde entonces a un proceso de 'descastellanización' y de creación institucional de una nueva identidad.

En todos estos 5 territorios, tanto las instituciones regionales como las centrales se han procurado de crear identidades artificiales, de modo que hoy en día oímos en los medios disparates como que en Madrid no son castellanos, en Guadalajara son manchegos y en Soria son 'castellanos y leoneses'. Todo ello en perjuicio de los propios castellanos, que al no tener oficialmente reconocida su identidad se ven discriminados a la hora de reivindicar nuestros derechos en igualdad de condiciones con otras nacionalidades del estado.

 

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